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Una semana de pesadilla

Chicago.- El inicio de un nuevo día siempre nos da la oportunidad de hacer las cosas mejor y de lograr eso que ayer no alcanzamos.  Para los Medias Blancas de Chicago este nuevo día, con el que arranca la semana 23 de la temporada, más que el chance de alcanzar las cosas que se dejaron de hacer en las últimas 24 horas, es una bendición, un alivio.

Luego de salir de Detroit barridos, por segunda ocasión en la campaña, el llegar a casa es un bálsamo para el equipo.

Los Sox vienen de registrar su peor semana en lo que va de 2012, al perder seis de siete juegos, mostrando su cara más fea de la contienda, al ser improductivos ofensivamente e inefectivos desde la lomita.

El bateo de los Medias Blancas apenas y produjo 23 carreras en siete encuentros, de ellas ocho fueron en el único que juego que lograron ganar, ese frente a los Orioles de Baltimore. Quitando esa producción en la victoria que lograron diríamos que el equipo tan solo hizo 15 anotaciones en seis juegos, estamos hablando de un poco más de dos por cotejo. Esa cifra por sí sola es un chiste aún para el conjunto que tenga el mejor staff de pitcheo.

Los maderos de los Sox terminaron el fin de semana con dos hits en 25 turnos al bate con hombres en posición anotadora, reflejando los problemas del conjunto para producir y ser oportunos.

Ante esa situación no se podía esperar menos que registrar una semana negativa, repito, la peor del equipo en lo que va de campaña.

De esa escasez en la ofensiva de lo que quizás más preocupe son los turnos que estuvo tomando la parte media de la alineación, comenzando por Kevin Youkilis, Adam Dunn –quien terminó la semana sin ver acción, por molestias en su costado derecho-, Paul Konerko, Alex Ríos y A.J. Pierzynski. Ellos en la gira, de forma combinada, ligaron para  .167, con ocho carreras remolcadas.

Konerko, el capitán del equipo, fue quien más oportunidades para producir desperdició, incluso tomando turnos de muy poca calidad, lo que no es costumbre en él, quien se ha caracterizado por ser uno de los mejores hombres en el home plate, aún fallando. Pero en esta ocasión no fue así, ya que deslució repetidamente haciendo swing a pitcheos fuera de la zona y buscando ser agresivo en conteos desfavorables.

Es normal que en una campaña tan larga como esta los slumps ocurran, incluso para los mejores bateadores del equipo, pero que se presenten de esta forma no es para nada alentador.

La ofensiva de los Sox tiene cómo levantarse y responder, ahí hay hombre de muchísima experiencia y calidad, que saben lo que tienen que hacer para encender de nuevo la chispa. Solo que a la altura en la que está el campeonato y en la situación que atraviesa el equipo lo tienen que hacer ya, porque seguir en este mal momento puede costar el eventual pase a la postemporada.

Sin embargo, como ya habíamos mencionado anteriormente, no todo es culpa de la ofensiva. El pitcheo de los Medias Blancas también falló en la última semana, específicamente en los apartados de efectividad y el control.

Los lanzadores de los Medias Blancas dieron más bases por bolas que en cualquier otro momento de la campaña, al otorgar un total de 36 bases por bolas en 64 entradas de labor, además aceptaron 35 carreras limpias y una efectividad de 4.92.

El principal fallo vino de los abridores que dieron 23 boletos, de ellos 15 el fin de semana en los tres encuentros ante los Tigres.

Esa pérdida de control de los iniciadores terminó de generar el colapso del equipo. Es por ello que no solo se necesita un repunte de los bateadores sino también de los lanzadores.

Comenzar a buscar la fórmula para reactivar todas las líneas del equipo desde hoy, cuando se inicia una estadía de diez juegos en casa, es la mejor forma para arrancar esta nueva semana y dejar todo atrás.

Hoy se presenta un buen chance para volver a la senda de la victoria y transitarla por lo que resta de campaña, en la que aún hay que disputar 29 encuentros más.

¡Enhorabuena Philip!

Chicago.- Los Juegos Perfectos siempre están rodeados de un aura especial y el que lanzó hoy Philip Humber no fue la excepción.

El lanzador de los Medias Blancas de Chicago, quien esta tarde puso a vibrar a todo el equipo y a toda la afición, que lo acompañó durante el recorrido de las nueve entradas y los 27 outs que realizó de forma perfecta ante la ofensiva de los Marineros de Seattle, estuvo sencillamente bendito en su actuación.

Humber llegó al encuentro de esta tarde con un matchup en teoría favorable para él, al enfrentar a una ofensiva con innumerables deficiencias, pero que en ella cuenta con uno de los bateadores que más contacto hace con la bola en el beisbol y que en diez de sus once campañas en las mayores ha dado más de 200 hits, sin contar que ha sido el hombre que más inatrapables ha dado en las mayores desde su debut en el 2001; obviamente estamos hablando de Ichiro Suzuki.

Todo eso, sin embargo, no importó, porque Humber siempre apacible, calmado, callado, enfocado en el plan de juego que tenía para enfrentar a los Marineros fue dominando uno a uno a los bateadores que se paraban frente a él en el home play.

El derecho tuvo control de la escena en todo momento, trabajando en un ritmo cómodo, rápido y engañando de forma constante a sus oponentes, especialmente con su curva, que fue con el envío que generó la mayoría de los 13 batazos por el aire que le conectó la ofensiva de Seattle.

A medida que iba tejiendo el manto dorado con el que se cubrió de gloria luego de su gesta, Humber, al igual que todos sus compañeros y todos los asistentes en el Safeco Field, así como todas las personas que estábamos describiendo y comentado el juego, fue notando lo mágico y significativo del trabajo que estaba realizando. Fue por ello que en el sexto inning, cuando Munenori Kawasaki, le tocó la bola de frente a él, sonrió y movió la cabeza como preguntándose ¿Y qué están haciendo? ¿Así quieren dañar mi trabajo?

Luego de cada inning que retiraba, el abridor de los Medias Blancas, de 29 años de edad y nativo de Texas, se sentaba en el mismo lugar, en el medio del dugout, al lado izquierdo de los termos anaranjados de Gatorade, que realmente tienen agua. Durante las primeras ocho entradas siempre tuvo a su lado a compañeros, entre ellos al venezolano Eduardo Escobar, al dominicano Alejandro De Aza y a los cubanos Alexei Ramírez y Dayán Viciedo. Ellos, sin embargo, poco se comunicaron con él, incluso antes de comenzar a sentir el aura especial de lo que se estaba viviendo.

Tras retirar la octava entrada y colocarse a solo tres outs de algo que en la historia de Grandes Ligas solo habían logrado 20 hombres, dos de ellos con el uniforme de los Medias Blancas (Charles Robertson, el 30 de abril de 1922, ante Detroit, y Mark Buehrle, el 23 de julio de 2009, frente a los Rays de Tampa Bay), Humber volvió a sentarse en el mismo sitio, pero esta vez sin nadie al lado, nadie quería acercársele ni interferir en la joya que estaba puliendo y que ya estaba a punto de terminar.

Hubo quienes se desesperaron cuando vieron que la ofensiva de Chicago extendió la parte alta de la novena entrada, en la que hicieron una carrera, luego de haber estado en cero desde el segundo inning, y de haber sido retirada en fila y sin alteraciones desde el cuarto y hasta ese último acto.

“Vamos no lo vayan a sacar de ritmo ahora”, se llegó a escuchar en la caseta radial, donde estábamos transmitiendo la entrada al libro histórico de récords y hazañas de las Grandes Ligas de Philip Humber.

Pero nada de eso pasó, porque cuando le tocó el turno, Humber salió a la lomita del Safeco Field para completar su faena, que acabó de una de las formas más extrañas de las que se ha sellado un Juego Perfecto, con un ponche a Bredan Ryan, pero que se completó con un disparo a la inicial de A.J. Pierzynski, quien perdió momentáneamente el pitcheo en curva de le hizo el hombre de la tarde y quien desesperadamente le gritaba que lanzara a la inicial.

Lo demás fue fiesta, celebración y gloria, porque Philip Humber dejó su nombre escrito en la cofradía histórica de los ahora 21 pitchers que han lanzado un Juego Perfecto en Grandes Ligas.

Hoy amigos, fanáticos y seguidores de los Medias Blancas se debe celebrar.

¡Enhorabuena Philip!

 Datos

-       Philip Humber sacó 13 outs con batazos por al aire, nueve con ponches y cinco con conexiones por el piso.

-       Cuatro jugadores latinos participaron y contribuyeron en el logro de Phil Humber, ellos fueron: Alex Ríos, quien en el cuarto inning capturó el batazo más difícil y duro que le dieron al abridor, fue una conexión en línea hacia el jardín derecho; tuvo que correr hacia atrás y hacia su derecha para atrapar la bola en la carrera. Dayán Viciedo realizó cuatro outs en el jardín izquierdo. Alejandro De Aza impulsó una carrera y realizó un out en el centerfield. Alexei Ramírez elaboró tres outs en la defensa del campocorto.

-       Alexei Ramírez fue el único latino que estuvo en el Juego Perfecto de Mark Buehrle y que participó en este de Philip Humber.

- Los Medias Blancas de Chicago igualaron a los Yanquis de Nueva York como los únicos equipos en la historia de Grandes Ligas con tres juegos perfectos.

La locura de marzo

Glendale.- En medio de la “locura de marzo”, que tiene contagiado el clubhouse de los Medias Blancas de Chicago, por el torneo del básquet universitario, ocurren cosas que terminan de reforzar el sobrenombre del tercer mes del año.

Uno de esos hechos fue el cuadrangular dentro del campo que conectó A.J. Pierzynski, uno de los corredores más lentos del equipo junto a Paul Konerko, en el encuentro ante los Angelinos de Los Ángeles.

No cabe duda que ver corriendo a A.J. de la forma en la que lo hizo en medio de ese encuentro primaveral fue un gusto, pero lo fue aún más el recibimiento que le dieron sus compañeros en el dugout, donde no pararon de gastarles bromas.

Eso es parte de este ambiente que se vive en la sede de entrenamiento de los Medias Blancas, en el Camelback Ranch, de Glendale, Arizona.

Tenemos que decir también que A.J. logró convertir esa conexión que dio hacia el jardín central, en un jonrón , por la fortuna que le brindó el rebote de la bola, luego de impactar en el acolchado de la pared de centerfield. Tras chocar contra lo más alto de la valla, la bola salió disparada, casi con la misma potencia con la que salió del bate, hacia el bosque derecho, a territorio muy lejano para todos los fildeadores.

Ese hecho fue factor importante para que el receptor del equipo consiguiera su tercer cuadrangular del spring training y con él corroborara el hecho de la “locura de marzo”, aunque no precisamente en el campeonato del básquet universitario.

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